La vivienda en España vive un momento crítico. Desde hace meses, iniciativas gubernamentales y autonómicas intentan contener esta crisis: topes de alquiler, vivienda asequible y sanciones a grandes tenedores son parte del marco normativo actual. Pero surgen crecientes voces que advierten que muchas de estas políticas, en lugar de aliviar, podrían estar agravando la situación.
El desencanto ciudadano con las medidas públicas
Un estudio reciente del II Barómetro de la Vivienda elaborado por Mutua Propietarios revela que un 36% de los españoles considera que las políticas de vivienda no tienen ningún efecto, y un tercio las ven contraproducentes. Solo uno de cada diez cree que estas medidas pueden ser realmente efectivas. Este escepticismo es especialmente notable entre colectivos jóvenes y hogares con menor poder adquisitivo.
Más hipotecas, pero sin mejorar el acceso real
Según un análisis de Cinco Días, en el primer semestre de 2025 se han superado las 243.000 hipotecas, un 25 % más que un año antes —el nivel más alto desde 2011—. A pesar de esta recuperación crediticia, el acceso a la vivienda no ha mejorado. La razón: la escasez estructural de oferta empuja a familias a apalancar su futuro sin garantía real de poder comprar, generando un endeudamiento precario .
El problema estructural subyacente, ignorado
El periodista Ignacio Ezquiaga, desde El País, hace una lectura pertinente: el principal obstáculo no es la demanda sino la falta de intervención sobre los propietarios de suelo. Hay capacidad para construir millones de viviendas, pero sin suelo liberado ni incentivos al desarrollo, la oferta sigue bloqueada; un diagnóstico clave que apunta a un fallo central de la política habitacional .
Estado, regulación y ciclos contraproducentes
El economista Gonzalo Velasco, en una intervención reciente, alertaba de una “clase privilegiada de propietarios” que pasa de generación a generación. Según su criterio, políticas como avales para primera vivienda o ayudas al alquiler son regresivas, y fomentan desigualdad en lugar de corregirla.
Desde El País, Toni Roldán critica el diagnóstico predominante en la izquierda, que ‒según él‒ ha desviado el foco hacia demonizar al especulador, mientras los grandes responsables del problema —la escasez de suelo, normativas rígidas y planes urbanísticos inexistentes— permanecen intactos o incluso agravan la crisis .
Reflexiones desde Abarca: equilibrio entre regulación y eficiencia
En Abarca, con más de una centuria de experiencia en el mercado inmobiliario barcelonés, vemos la urgencia pero también las limitaciones de un regulador que tropieza consigo mismo.
- Avanzar sin contener ni planificar desemboca en sanciones que reducen la oferta efectiva, como sucede con el control de alquileres sin incentivos a construcción.
- Facilitar la construcción debería reforzarse: agilizar licencias y movilizar suelo es tan necesario como contener precios.
- Las políticas aisladas sin enfoque integral terminan orientadas a mitigar efectos, nunca atacar causas —y eso agrava desigualdad urbano-territorial.
Es esencial reconocer que no existe una solución única mágica. Las políticas públicas deben combinar control del mercado, bonificación a oferta asequible, desbloqueo de suelo, agilización normativa y acompañamiento profesional para comunidades e inversores.
En Abarca creemos que la clave está en:
- Alinear incentivos públicos y privados
- Promover vivienda pública sin ser contradictorio con iniciativas privadas
- Reformar el suelo urbano como eje del acceso sostenible
Solo así construiremos política inmobiliaria con impacto real, equilibrio y justicia —y dejaremos de lado regulaciones con efectos contraproducentes.